Como una peonza

Al principio daba vueltas borrachas, cortas en el tiempo y desparramadas en el espacio; luego, evolucionando en sus revoluciones, seguía centrado y recto en su eje por largos ratos, con un movimiento tan rápido y perfecto que parecía clavado en el centro de la tierra. 

Fue en una de sus revoluciones, de las que son transformación y recurrido, que acabó por enterarse de que lo que la vida le ofrecía no eran simples acontecimientos, sino pruebas y a veces, regalos. 

Así que definida la ruta, emprendió el camino. 
Era una peonza en equilibrio perfecto, girando cayendo y volviendo a girar. 

M. Noris, Barcelona 2011

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Un italiano en camino