Las tres aves fénix

Un día de octubre, al comienzo del otoño, el diseñador de nubes sopló sus tres aves fénix en el cielo del golfo de Roses.

Dos de ellas bailaron durante horas antes de desaparecer, libres.

La tercera, la más grande, esperó a que el último suspiro de sus hermanas se perdiera en el viento para abrir entonces sus alas y renacer como una gran vagina con cabeza de pez, generadora y devoradora de mundos.

Marco Noris, Roses, 2012

 

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