Las tres aves fénix

Un día de octubre, al comienzo del otoño, el diseñador de nubes sopló sus tres aves fénix en el cielo del golfo de Roses.

Dos de ellas bailaron durante horas antes de desaparecer, libres.

La tercera, la más grande, esperó a que el último suspiro de sus hermanas se perdiera en el viento para abrir entonces sus alas y renacer como una gran vagina con cabeza de pez, generadora y devoradora de mundos.

Marco Noris, Roses, 2012

 

Como una peonza

Al principio daba vueltas borrachas, cortas en el tiempo y desparramadas en el espacio; luego, evolucionando en sus revoluciones, seguía centrado y recto en su eje por largos ratos, con un movimiento tan rápido y perfecto que parecía clavado en el centro de la tierra. 

Fue en una de sus revoluciones, de las que son transformación y recurrido, que acabó por enterarse de que lo que la vida le ofrecía no eran simples acontecimientos, sino pruebas y a veces, regalos. 

Así que definida la ruta, emprendió el camino. 
Era una peonza en equilibrio perfecto, girando cayendo y volviendo a girar. 

M. Noris, Barcelona 2011

Mani in tasca e bavero alzato

Mani in tasca e bavero alzato
in stile Modern Talking mi dicono
cammino lungo strade deserte
nel vento furioso che tutto scuote
e sconvolge portando con sé
anime e corpi nel vento
che batte vicoli e viali
mani in tasca e bavero alzato
nell’aria bizzosa e pungente
sono solo, sono vivo.

ma:no 2008