Palabras robadas

Robó un puñado de palabras cuando la tarde se deshacía al horizonte; eran palabras secas, agrietadas, ásperas al tacto.

En una noche surcada de silencio, hizo de estas palabras un tótem sin rostro para que el viento le diese vida y la mar ternura.

Él ya no estaba cuando el ayer se hizo susurro y la mañana fluctuaba como un nuevo vocabulario entre partículas de palabras robadas.

 

ma:no 7/2010

Soledad ajena

La soledad llegó en un momento de descanso, cuando las golondrinas cambiaban de número y las cruces se deshacían en el cielo. Tenía ojos enardecidos esta soledad fatigada; miraba sus deseos en el espejo de la amargura, pesados, como la deforme levedad de sus raíces mancas.

Soledad ajena en tierra de libertades ajenas, anda con fatiga entre cuerpos, arrastrando en un sin fin de idas y vueltas los cadáveres rabiosos de sus sueños.

 

ma:no, 2011