La finestra sul cavedio

Seduto in silenzio
ascolto il quieto sussurrare
della finestra sul cavedio.

In ordine sparso

percussioni
voci maschili, non italiane
voce femminile italiana, da televisione
motorino
piccioni in amore
macina caffè
un altro motorino
lavaggio manuale di stoviglie
cantante femminile di lingua inglese
ancora piccioni in amore
voce di giovane uomo italiano.

Lo scroscio improvviso
silenzia il mondo.

 

Marco Noris, Bologna, 2002

Il sogno di Luca

Luca è chiuso da tempo in una stanza in compagnia di tre uomini. I loro volti gli sono familiari, anche se non ricorda dove e quando possa averli conosciuti. Sono tre figure silenziose, a volte nebbiose, spesso ombrose. Si muovono, non si muovono, non capisce non si concentra e finisce poi per distarsi e perderli di vista, tornando ad osservare la stanza con quel suo sguardo acuto, seduto in un angolo sulla sua poltroncina rossa.

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La niña de antigás

Barridos por el viento
recorrimos caminos por cruces
hermanos entre hermanos
corazones sin patria en tierra
huérfana de hija pródiga.
Niña de nueva década
abandona tu antigás
déjate acunar por este cielo
mecedor de almas.

(Para Carmen, la niña del antigás)

Marco en Albacete el 15 y 16 de noviembre del 2014

Las tres aves fénix

Un día de octubre, al comienzo del otoño, el diseñador de nubes sopló sus tres aves fénix en el cielo del golfo de Roses.

Dos de ellas bailaron durante horas antes de desaparecer, libres.

La tercera, la más grande, esperó a que el último suspiro de sus hermanas se perdiera en el viento para abrir entonces sus alas y renacer como una gran vagina con cabeza de pez, generadora y devoradora de mundos.

Marco Noris, Roses, 2012

 

Como una peonza

Al principio daba vueltas borrachas, cortas en el tiempo y desparramadas en el espacio; luego, evolucionando en sus revoluciones, seguía centrado y recto en su eje por largos ratos, con un movimiento tan rápido y perfecto que parecía clavado en el centro de la tierra. 
Fue en una de sus revoluciones, de las que son transformación y recurrido, que acabó por enterarse de que lo que la vida le ofrecía no eran simples acontecimientos, sino pruebas y a veces, regalos. Así que definida la ruta, emprendió el camino.

Era una peonza en equilibrio perfecto, girando cayendo y volviendo a girar.

_Marco Noris, Barcelona 2011_

Soledad ajena

La soledad llegó en un momento de descanso, cuando las golondrinas cambiaban de número y las cruces se deshacían en el cielo. Tenía ojos enardecidos esta soledad fatigada; miraba sus deseos en el espejo de la amargura, pesados, como la deforme levedad de sus raíces mancas.

Soledad ajena en tierra de libertades ajenas, anda con fatiga entre cuerpos, arrastrando en un sin fin de idas y vueltas los cadáveres rabiosos de sus sueños.

M. Noris, 2011