Enrico

Enrico era un giardiniere capace. Amava le piante, gli alberi, i fiori, ma amava pure gli insetti che senza di loro molte piante non esisterebbero. Nel giardino di Enrico c’erano (e chissà ci siano ancora) alberi enormi e piante mitologiche. Il suo preferito era l’Albero delle Certezze. Enrico era certo che l’albero gli parlasse e lo invitasse a salire sulla sua alta cima ad ammirare, raggiunto il cielo, lo splendido paesaggio.

Un giorno dopo tanti anni, quando l’albero era cresciuto fino al cielo, Enrico decise di arrampicarsi sino alla cima per poter gioire del – ne era certo – maestoso paesaggio. Ma Enrico non scese mai più e nessuno più lo vide. Alcuni erano certi che fosse sceso di nascosto e partito alla ricerca del Giardino dell’Eden, altri invece sostenevano fosse ancora in cima all’albero, nascosto tra le fronde; altri ancora erano convintissimi avesse spiccato il volo alla ricerca di Leopoldo e delle cozze impazzite. Ma tutti erano certamente certi che l’Albero delle Certezze avesse ingannato il povero Enrico.

Enrico era un jardinero capaz. Amaba a las plantas, a los arboles, a las flores, pero amaba también a los insectos ya que sin ellos muchas plantas no existirían. En el jardín de Enrico había (y a lo mejor aún hay) arboles enormes y plantas mitológicas. Su favorito era el Árbol de las Certezas. Enrico estaba seguro de que el árbol le hablaba y le invitaba a subirse hasta su alta punta para admirar, una vez alcanzado el cielo, el esplendido paisaje.

Un día después de muchos años, cuando el árbol había crecido hasta el cielo, Enrico decidió trepar hasta la punta para poder regocijarse en el, estaba seguro de ello, majestuoso paisaje. Pero Enrico no volvió a bajar nunca más y nadie lo volvió a ver nunca. Algunos estaban convencidos de que había bajado a escondidas y había ido a la búsqueda del jardín del Edén, otros en cambio afirmaban que seguía en la punta del árbol, escondido entre las frondas; otros estaban muy convencido de que se había alzado en vuelo para ir a la búsqueda de Leopoldo y de las almejas locas. Pero todos estaban seguramente seguros de que el Árbol de las Certezas había engañado al pobre Enrico.

Paola

Quando Paola decise di suicidarsi il cielo era grigio speranza e i marciapiedi brulicavano di repellenti e isterici ratti. Non fu una decisione meditata, ragionata, dibattuta. Piuttosto, in quel giorno così carico di menzogne, ne riconobbe il pensiero nella sua agghiacciante verità. “Nella verità non c’è suicidio” gridarono il vento e le rocce avvolgendo e rigirando schiacciando e scoppiando il corpo sottile di Paola.

Cuando Paola decidió suicidarse, el cielo era gris esperanza y las aceras hervían de repulsivas e histéricas ratas. No fue una decisión medida, razonada, debatida. Más bien, en aquel día tan cargado de mentiras, reconoció el pensamiento en su espeluznante verdad. “En la verdad no hay suicidio” gritaron el viento y las rocas envolviendo y girando y aplastando y reventando el sutil cuerpo de Paola.

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Sandro

Sandro preferiva le relazioni semplici e rapide, magari un po’ superficiali però comode da gestire. Per questo Sandro non aveva amici veri, amici che gli parlassero francamente e gli dicessero le cose in faccia. In fondo non ne valeva la pena, no? E così un giorno, un po’ per gioco, un po’ per sconforto, Sandro decise di iniziare a mentire. Era diverso per ciascuno e  ad ogni nuova conoscenza improvvisava adattandosi a chi aveva di fronte. A volte era brillante e lavorava in banca. Altre volte era scontroso, di malumore dopo un lungo viaggio. Un medico, un padre di famiglia, un mafioso, un ex sacerdote. Un terrorista, un poliziotto, un maniaco depressivo. A volte era sé stesso (o forse lo era sempre?) ma ormai non si riconosceva più.

Sandro prefería las relaciones simples y rápidas, a lo mejor un poco superficiales, pero cómodas de gestionar. Por esta razón Sandro no tenía amigos de verdad, amigos que le hablaran francamente y le dijeran cosas a la cara. En el fondo no valía la pena, ¿no? Y fue así que un día, un poco por juego y un poco por desaliento, Sandro decidió empezar a mentir. Era una persona diferente para cada uno y cada vez que conocía a alguien improvisaba adaptándose a quien tenía delante. A veces era brillante y trabajaba en un banco. Otras veces estaba adusto, de mala leche después de un viaje largo. Un medico, un padre de familia, un mafioso, un ex sacerdote. Un terrorista, un policia, un maniaco depresivo. A veces era él mismo (¿o quizás lo era siempre?) pero ya no se reconocía más.

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Carla

Carla rinunciò a vivere quando i suoi occhi si trasformarono in polvere e le sue certezze in origami astratti. Scomparve d’improvviso, portando con sé due valigie di ricordi, una scontentezza sdipanata e un iPod da 4 giga.

Carla renunció a vivir cuando sus ojos se transformaron en polvo y sus certezas en papiroflexias abstractas. Desapareció de repente, llevándose consigo dos maletas de recuerdos, una insatisfacción desovillada y un Ipod de 4 gigas.

Nino

Nino, 11 anni, ha appena scoperto Babbo Natale sodomizzando sua madre sul tappeto del salotto. Sotto l’albero non c’era nessun regalo.

Nino, 11 años, acaba de pillar a Santa Claus sodomizando a su madre en la alfombra del comedor. Bajo el árbol, no había ni un regalo.

Sandrina

Sandrina è fatta così. Guarda lontano, chissà dove, non dice mai nulla di superfluo e sempre dice quello che pensa. Mi piace Sandrina, peccato le si siano scaricate le pile.

Sandrina es así. Mira lejos, quien sabe adónde, nunca dice nada superfluo y siempre dice lo que piensa. Lo siento Sandrina, lástima que se le hayan agotados las pilas.

Nicola

“Nicola non mi è mai stato simpatico, sin dalla prima volta che l’ho visto. Non capisco, eppure è sempre così educato, mi aiuta a rialzarmi e si lava via il sangue prima di pranzare.”

“Nunca me ha caído bien Nicola, ni siquiera la primera vez que lo vi. No entiendo, sin embargo siempre es tan educado, me ayuda a volver a levantarme y se limpia la sangre antes de almorzar”.