Aquel día

Recuerdo aquel día que empezó cuadrado y acabó redondo, dos cabos unidos por un trayecto, de ida y de vuelta.

Aquel día quise hablarte de la huella fugaz antes que la robara el viento y alcanzarte antes que la luna menguase; quise y ya estaba solo.

Y cuando la mueca se cayó, me reí de tus intentos de recogerla a ojos cerrados. Era el teatro del silencio y de los gestos mancos.

Entonces decidí vaciar mis bolsillos y hacer de mi decepción una flor sin pétalos, los que echaste al viento.

Recuerdo el final redondo de aquel día, cuando evoqué el juego del atrevido y la locura del libre y celebré, bajo la mirada de mi alma, la dejación incondicional de la mente.

Marco noris, Barcelona, mayo 2010

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Il cortile

La realtà rimasta incollata come un vestito bagnato, era ieri un cortile; un cortile illuminato nell’ora che divide il giorno, un cortile stretto da muri alti come muraglie, muri grigi e opprimenti ma mai, mai invincibili, neppure ora, nell’oscurità che unisce x con z e y, soprattutto ora, nell’ora del finalmente.
M. Noris, giugno 2010

Palabras robadas

Robó un puñado de palabras cuando la tarde se deshacía al horizonte; eran palabras secas, agrietadas, ásperas al tacto.

En una noche surcada de silencio, hizo de estas palabras un tótem sin rostro para que el viento le diese vida y la mar ternura.

Él ya no estaba cuando el ayer se hizo susurro y la mañana fluctuaba como un nuevo vocabulario entre partículas de palabras robadas.

 

M. Noris 7/2010