Como una peonza

Al principio daba vueltas borrachas, cortas en el tiempo y desparramadas en el espacio; luego, evolucionando en sus revoluciones, seguía centrado y recto en su eje por largos ratos, con un movimiento tan rápido y perfecto que parecía clavado en el centro de la tierra. 
Fue en una de sus revoluciones, de las que son transformación y recurrido, que acabó por enterarse de que lo que la vida le ofrecía no eran simples acontecimientos, sino pruebas y a veces, regalos. Así que definida la ruta, emprendió el camino.

Era una peonza en equilibrio perfecto, girando cayendo y volviendo a girar.

_Marco Noris, Barcelona 2011_

Soledad ajena

La soledad llegó en un momento de descanso, cuando las golondrinas cambiaban de número y las cruces se deshacían en el cielo. Tenía ojos enardecidos esta soledad fatigada; miraba sus deseos en el espejo de la amargura, pesados, como la deforme levedad de sus raíces mancas.

Soledad ajena en tierra de libertades ajenas, anda con fatiga entre cuerpos, arrastrando en un sin fin de idas y vueltas los cadáveres rabiosos de sus sueños.

M. Noris, 2011