Este no era el parón que pedíamos

Por Paula Bruna

Tantas veces he sentido el vértigo de una vida acelerada que me exigía producir, proyectar, gestionar, crear, comunicar, solicitar, innovar, estar al día profesionalmente (en mi caso, 2 profesiones), adaptarme a horarios y plazos de entrega ajustadísimos y llegar a fin de mes; y a la vez mantener el contacto social y familiar, atender mi casa, cuidar mi cuerpo y mi mente y procurar asistir a los eventos culturales y de ocio que considero imperdibles. Y mientras haces todos estos malabares y cuadras la agenda, además uno debe recordar ser feliz (como decía mi profesora de baile, “ya os sabéis la coreografía, ahora os falta disfrutarla”).

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