Aquel día

Recuerdo aquel día que empezó cuadrado y acabó redondo, dos cabos unidos por un trayecto, de ida y de vuelta.

Aquel día quise hablarte de la huella fugaz antes que la robara el viento y alcanzarte antes que la luna menguase; quise y ya estaba solo.

Y cuando la mueca se cayó, me reí de tus intentos de recogerla a ojos cerrados. Era el teatro del silencio y de los gestos mancos.

Entonces decidí vaciar mis bolsillos y hacer de mi decepción una flor sin pétalos, los que echaste al viento.

Recuerdo el final redondo de aquel día, cuando evoqué el juego del atrevido y la locura del libre y celebré, bajo la mirada de mi alma, la dejación incondicional de la mente.

Marco noris, Barcelona, mayo 2010

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Il cortile

La realtà rimasta incollata come un vestito bagnato, era ieri un cortile; un cortile illuminato nell’ora che divide il giorno, un cortile stretto da muri alti come muraglie, muri grigi e opprimenti ma mai, mai invincibili, neppure ora, nell’oscurità che unisce x con z e y, soprattutto ora, nell’ora del finalmente.
M. Noris, giugno 2010

Como una peonza

Al principio daba vueltas borrachas, cortas en el tiempo y desparramadas en el espacio; luego, evolucionando en sus revoluciones, seguía centrado y recto en su eje por largos ratos, con un movimiento tan rápido y perfecto que parecía clavado en el centro de la tierra. 
Fue en una de sus revoluciones, de las que son transformación y recurrido, que acabó por enterarse de que lo que la vida le ofrecía no eran simples acontecimientos, sino pruebas y a veces, regalos. Así que definida la ruta, emprendió el camino.

Era una peonza en equilibrio perfecto, girando cayendo y volviendo a girar.

_Marco Noris, Barcelona 2011_

Palabras robadas

Robó un puñado de palabras cuando la tarde se deshacía al horizonte; eran palabras secas, agrietadas, ásperas al tacto.

En una noche surcada de silencio, hizo de estas palabras un tótem sin rostro para que el viento le diese vida y la mar ternura.

Él ya no estaba cuando el ayer se hizo susurro y la mañana fluctuaba como un nuevo vocabulario entre partículas de palabras robadas.

 

M. Noris 7/2010

Soledad ajena

La soledad llegó en un momento de descanso, cuando las golondrinas cambiaban de número y las cruces se deshacían en el cielo. Tenía ojos enardecidos esta soledad fatigada; miraba sus deseos en el espejo de la amargura, pesados, como la deforme levedad de sus raíces mancas.

Soledad ajena en tierra de libertades ajenas, anda con fatiga entre cuerpos, arrastrando en un sin fin de idas y vueltas los cadáveres rabiosos de sus sueños.

M. Noris, 2011